Mi nombre es Carnaval. Mientras el sol se ponía en el horizonte cubriendo todo de un rojo opaco poco cotidiano yo caminaba, hastiada, entre el gentío que marchaba prorrumpiendo en risas y gritos de alegría, cantando y bailando. Ese caluroso día de verano, en pleno febrero, toda la gente de la ciudad se movilizaba al son de la festiva música sin detenerse mucho tiempo en el mismo lugar, formando parte de ese océano multicolor salpicado de globos, serpentinas y papeles que era ahora la calle. Un día al año, todos parecían olvidarse de sus problemas y dejarse llevar por el ritmo de los bombos, riéndose despreocupadam